La Viuda

Todos los días, esté donde esté, La Viuda repite siempre el mismo ritual. Se levanta, va al baño y se lava los dientes. No soporta el olor de su aliento a tabaco por la mañana. Luego, esté donde esté, siempre prepara el café. Desde hace mas de cinco años no conoce más que el camino de su casa al trabajo, y del trabajo a la estación de trenes algunos fines de semana, cuando visita a sus hermanas en el pueblo. Abre el armario y se da cuenta que esta desorganizado. La Viuda no soporta el desorden, pero también se pregunta  cómo se organiza un armario que solo tiene ropa negra. Vive sola. Su hijo se fue, cuando se casó con alguna chica que nunca lo va a cuidar mejor que ella. Toda una vida dedicada a él y se va con su novia de toda la vida. Ese día se sintió Viuda por segunda vez. Delante de la nevera, no sabe que llevarse al trabajo para comer. Aún sigue comprando comida como si en casa no viviera sola, y esto le molesta. Tiene que aprender a vivir sola, pero no sabe. Toda una viva viviendo para dos hombres, y ahora ninguno de los dos están. No sabe qué hacer con tanto tiempo libre. “Bueno” piensa “habrá que limpiar”. A La Viuda, desde chica siempre le gustaron las cosas bien hechas, es por eso que si limpia no solo pasa el paño y elimina el polvo, sino que limpia con todas las fuerzas que le quedan.

De camino al trabajo, espera el autobús en la misma parada que hace cuatro años, y fuma su cigarrillo, alejada, en el mismo sitio que hace cuatro años. En el trabajo los días son todos iguales o repetidos. Da igual a qué hora entren las clientes, todas son iguales. Unas hijas de putas todas, que pueden comprar y gastar fortuna mientras ella está ahí para aconsejarles y escucharlas en sus problemas. ¿Y a quien le cuenta  La Viuda sobre su soledad? Si de eso se trata el estar solo: que no tienes a nadie que te escuche.

Es Viernes, y este fin de semana su hermana menor ha invitado a toda la familia a un almuerzo en su casa, en el pueblo. La Viuda ya conoce estos almuerzos. Todos se sientan por parejas y ella, dada su condición, solo puede sentarse cerca de sus sobrinos. Su preferida es Alba. La mira y se ve a ella misma años atrás, con 21 años, pero sin haber cometido el error de casarse y abandonar su carrera, y su futuro como abogada para criar un hijo y cuidar de una casa. Alba es igual que ella. De haber tenido una hija le saldría, seguro, igual que Alba. La Viuda sabe que tiene que dejar de pensar en el pasado, como le ha dicho el psicólogo  «El pasado solo te va a hundir más en la depresión», palabras del Doctor Fraumé, que lleva más de veinte años tratándola  por esa manía  suya de llorar sin motivo. No recuerda cuando empezaron los llantos. Si tuviera que ponerle fechas, diría que fue el día que su único hijo nació. Curiosamente ese fue el día mas feliz de su vida, y al principio pensó que los llantos eran síntomas de felicidad. Con tiempo no supo diferenciar la felicidad de la infelicidad.

Después de la cena todos se van a sus casas, pero Alba insiste en que ambas se tomen una copa en el único pub que tiene  el pueblo. Hace años que no entra a un pub. Las luces y los cristales de detrás de la barra solo le dicen que ya no tiene edad para estar ahí. No sabe que pedirse, si ella siempre bebe café. «¿Un café? Venga Tita, por favor que es viernes. Santi ponle un Gintonic de fresa.» Ordenó Alba y se fue a saludar a sus amigos al fondo de la barra. “El camarero es guapo” piensa “pero bueno igual ella ya no tiene edad para fijarse en nadie. Nada más pensar en que un hombre la pueda ver desnuda le produce vértigo y ganas de llorar”. Desde que su marido murió no hace mas que engordar, no puede quitarse esos malditos tres kilos de más. Le encantaría volver a tener la figura de quince años, pero sabe que es imposible. Muchas veces a la hora del almuerzo, se va a un bar que queda frente a la tienda y se pide un café, para disfrutarlo con un cigarro. Le gusta mirar a las chicas que pasan frente a ella e imaginárselas desnudas. “Todas las carnes en su sitio, sin las estrías del parto, sin las arrugar alrededor de los ojos y sin tres kilos de más”. «Mira Tita, este es Manolo». Manolo tiene los ojos grandes, deberá rondar los cuarenta y cinco. Huele bien, a perfume de hombre mezclado con cerveza y cigarro. «Hola Manolo, soy la tía de Alba» «Ya lo sé, hace mucho que no te veía por aquí, por el pueblo» «Ando un poco liada con el trabajo y vengo poco» Alba mira a la futura pareja como quien puede ver el destino, con ese silencio, de saber más que el resto de los involucrados. «Te apetece que te invite a tomar algo» «No gracias, ya me iba» «Pero Tita, ¿como te vas a ir?» «Si, Alba ya se ha hecho tarde»

No sabe por qué abandonó el pub. Bueno si lo sabe. Ese hombre, el tal Manolo la estaba intimidando. “¿Qué es eso de invitar a una Viuda a tomar algo? La juventud ya no entiende de límites. Bueno a mi no me hubiera importado tomar algo, pero no creo que sea el momento ni el lugar para conocer a alguien. Si esta interesado en conocerme, lo mejor será a la luz del día y en la terraza de un café para que yo pueda fumar” piensa.

Es Lunes, no hay mas opción que ir al trabajo. En el autobús, abre  Facebook y en la pestaña Buscar, pone el nombre de su sobrina. Luego busca entre sus amigos y encuentra la cara de Manolo en una foto pero con otro nombre “Papacito López.” “Este hombre me da mala espina, estoy segura de que no es de fiar.” Hace scroll en todas sus fotos. “Bueno, al menos no parece que tenga mujer o que este con alguien.” Solicitud de amistad: enviada. “No hay nada malo en ser amigos por Facebook.”

Es Martes, y este día ha empezado mal. Primero, perdió el autobús y tuvo que tomar un taxi. Luego en el trabajo todas las clientas que entraron solo querían hacer cambios y devoluciones, casi ninguna quería comprar nada. Por ultimo, fue a la Peluquería y la chica que la peinó lo hizo mal. De vuelta a casa enciende la tele. No tiene hambre, igual tampoco le gusta comer sola  “asi mejor, porque si no como, mas rápido bajo de peso.” Suena el móvil: “Papacito Lopez ha aceptado tu solicitud de amistad.” Ese escalofrío hacia años que no  lo sentía. Algo que pensó que había muerto dentro de ella, volvió a nacer.

«Hola, que tal estas?» le escribe Papacito. «Hola, bien.» «No pensé que me enviaras una solicitud, como te fuiste tan rápido del pub…..;), me ha extrañado mucho que quisieras ser mi amiga». “¿Y ahora que mierda respondo? Ha sido una mala idea enviarle la solicitud.” «Hola, sigues ahi?» «Si si» “puff no sea que se vaya.”

Es Miércoles, se levanta, y no puede creer que estuviera hablando con Manolo toda la noche. Tiene un poco de sueño, pero no sabe por qué está tan feliz. Manolo no es lo que ella pensaba, es tierno, atento y la escucho cuando ella le contó lo mal que lo había pasado cuando murió su marido. El cigarro de la mañana, siempre sabe bien, pero el de hoy sabe a gloria. En el autobús vuelve a abrir Facebook, tiene un nuevo mensaje. «Ayer lo pasé genial hablando contigo. Eres una mujer maravillosa y sobretodo muy valiente. Es un poco pronto para pedírtelo, pero me gustaría invitarte a cenar algún día, donde tu digas y cuando tu digas, un beso, que descanses guapa.» “No recuerdo ni cuando fue la ultima vez que un hombre me invitó a cenar.” «Hola Manolo. A mi también me gustó hablar contigo anoche, este viernes salgo del trabajo a las 6, podríamos quedar a las ocho,cerca de mi casa, conozco un italiano genial y el dueño es amigo mío ;)»

Es Jueves, hace mas de treinta y cuatro años que no tiene una cita. No sabe que ponerse ni como actuar ni como ir al sitio.- Esto ha sido una mala idea. Le voy a escribir y a pedirle que lo dejemos para otro día, para un día que yo me sienta mas segura. Voy a la peluquería, al menos si voy a ir por lo menos que tenga el pelo bien. Tampoco es que quiera quedar fea delante de él.-

Es Viernes y es el día de la cita. Está semana las cosas han ido muy rápido, el sábado conocía y Manolo y hoy viernes tenía una cita con él. Ayer en la peluquería le contó a la chica que la peinó que tenia una cita, ella le ofreció el combo de Super Precio en Depilación. “¡Dios que dolor! Pero le aseguraron que a todos los hombres ahora les gustan las mujeres así. Su marido hubiera puesto el grito en el cielo, con lo que le gustaba a él el pelo.” Faltan solo cuatro horas para la cita, se mira en le espejo desnuda y no se reconoce. Otra vez el llanto que no puede controlar. Tiene miedo, se muere de miedo de estar ante un hombre. Las lagrimas hacen que pierda todo el maquillaje. “¡Ala! otra vez a volver de nuevo a maquillarme los ojos. Me tengo que controlar. Yo soy una mujer como otra cualquiera, tengo las mismas necesidades que cualquier mujer y necesito cariño, estoy sola y necesito cariño.” Las arrugas del párpado no le ponen nada fácil la tarea de pintarse la raya del ojo. “Voy a ir a esa cita, yo soy una mujer fuerte, que ha criado a un hijo y superó la muerte de el único hombre que ha conocido. Es que ese es el problema, mi marido es el único hombre que he conocido, no se como será el resto. Dios otra vez el llanto no. ¡Venga, arriba! Mira tu amiga Conchita, como después que se murió su marido ha conseguido a alguien. La vida no se acaba y  si él está muerto, es por algo.”

Ya se ha fumado tres cigarros. “Mala señal, lleva ya tres minutos tarde y yo aquí sentada como una estúpida esperándolo.” «Hola, perdona que llegue tarde, llevo media hora intentado aparcar » Dos besos. «Hola, no pasa nada, si solo has llegado tres minutos tarde» Silencio incómodo hasta que se sientan.  Toda la noche hablaron de ellos, de quienes eran y lo que habían pasado. Ella no sabia que él también era viudo. Su mujer murió hace mas de cinco años, en el parto. ¡Cómo era posible que dos personas con las mismas necesidades de afecto se encontraran, así de casualidad! Las dos viviendo en el mismo pueblo y nunca se había visto. Ella toda la noche tomó cerveza sin alcohol, el bebió con alcohol. «¿Al final te tomaras una copa conmigo no?», dijo él. «Yo nunca bebo» «Bueno mujer, un día es un día. Después de todas las casualidades que nos han pasado, que mas dará una copa con alcohol que una sin» Ella dudo, pero cuando el sonrió de medio lado acepto. «Camarero, por favor dos gintonics» No fueron dos. Fueron tres cada uno y un paquete de tabaco entre los dos. No sabe como, pero al final terminaron riéndose en su casa. Era la primera vez que un hombre que no fuera familia entraba en aquella casa. “Se siente raro, pero a la vez desafiante.” Por primera vez en mas de 30 años está besando la boca de alguien más que no era su marido. Ya casi ni se acordaba que era lo que se sentía. Primero sintió calores que le hicieron avergonzarse. «Te estas poniendo roja, que linda, pareces una niña» dijo Manolo, mientras le besaba el cuello. «Manolo, hace más de treinta años que no estoy con un hombre, no se si lo voy a hacer bien» «Esto es como montar en bicicleta guapa, nunca se olvida.» Ambos rieron y ella se dejo llevar. Él le recorrió todo el cuerpo a besos, pero cuando le abrió las piernas, se quedo de piedra. «¿Pero y esto que és?» «¿Él qué?» «¡Esto! Este coño sin pelos» «Bueno es que la chica de la peluquería me dijo que eso era lo que llevaban ahora las jóvenes y que a los hombres les encantaba» «A mi no, y desde luego soy hombre» «Bueno ya no se puede hacer nada Manolo, porque el pelo no va a crecer más hasta dentro de un mes» «Mira Lucía, yo cuando estoy con una mujer quiero que sea una mujer, por eso te escogí, porque pensé que serías una mujer» “¡Ay dios mío las lagrimas ahora no, ahora no!” «Bueno pero es que yo soy una mujer» «A mi esto no me gusta, llámame antiguo, pero a mi me gusta con pelo» «Ay eso mismo me decía mi marido, a él también le gustaba con pelo» «Ay ya está, deja de hablar de tu marido. Llevo toda la noche aguantando el cuento de lo sola que estas y de que si tu marido era el mejor y que tu hijo también es el mejor. Tu marido esta muerto Lucía, punto. Asúmelo ya. Si quieres que follemos: follamos, pero esto no era lo que yo pensaba» El teléfono de él suena, se levanta del sofá, sin camisa, para ir a buscarlo. «¿Tienes que atender ahora? Estamos en el medio de una discusión de pareja». «Puff, de pareja dice la vieja. Me llama mi mujer, cuando termine de hablar con ella hablo contigo». «¿Cómo que tu mujer? ¿No me dijiste que eras viudo?» «Shhh, calla. Hola mi amor. Si estoy jugando a las cartas, cuando termine salgo para allá. Si si un beso, otro para el niño, no, no te preocupes que no tardo.» Al darse la vuelta no vio el golpe. Ella lo esperaba con el cuchillo en la mano y se lo encajó justo en el corazón. La sangre caliente le empezó a brotar y antes de que pudiera decir algo mas, ella se apresuró a hundirle el cuchillo en el mismo sitio. Vio la vida como se iba de un cuerpo, y el nudo que había tenido en la garganta todo el día y las ganas de llorar desaparecieron. Por primera vez no sintió nada. Solo silencio. Se sentó en el sofá por unos minutos, mientras veía el cuerpo de Manolo tendido sobre la alfombra blanca. Iba a tener que limpiar mucho, pero a ella le encanta limpiar.

El fin de semana pasó tranquilo. El cuerpo de Manolo lo dividió en trozos que soltó en un contenedor de basura alejado de su casa. Estaba segura que nadie iba a sospechar de ella. Nadie nunca sospecha de una viuda. Podrían venir a preguntarle por él, pero le daba igual. Él había dejado el coche lejos del restaurante, y nadie lo asociaría. Seguro que ya le había mentido a su mujer varias veces y alguien lo sabría. Cualquiera podría vengarse.

Abrió el ordenador que había dejado su hijo en casa. Busco en Google: Conocer a viudos en Madrid. “Ya que se había gastado el dinero en depilarse no iba a tirarlo ahora todo. Seguro los viudos al igual que ella tampoco tendría a nadie. Y encima las constantes ganas de llorar se habían ido”.

 

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